lunes 17 de diciembre de 2007

Envejecer con dignidad.


Vivimos en una sociedad cada vez más ilógica y con un sin sentido cada día mayor. Estamos conviertiéndonos en simples productos de un mercado atroz que juega a crear simples monigotes a los que manejar a su antojo.

Vivimos unos momentos ideales para caer como simples estúpidos en las redes del consumo "solidario" que propugna la Navidad y todas las marcas y entidades empresariales que estos días se ponen las botas gracias a los pobres adeptos que pueden seguir los designios del divino consumismo. Sin embargo, precisamente hoy cabría detenerse y plantearnos en el terrible juego en el que estamos participando sin ser demasiado conscientes ( o mejor dicho nada conscientes).

Cada vez son más las personas que pasan por un quirófano para convertirse en esos seres artificiales que como productos cualquieras venden en los escaparates de los medios de comunicación. Parece que envejecer con dignidad es algo totalmente imposible a estar alturas de la vida.

Ahora hay que estirarse la piel aún con el peligro de convertirnos en seres inexpresivos, hay que ponerse las tetas a la altura de la barbilla (aunque claro previamente hay que estirarse tambien el cuello, la barbilla y todo lo que aparezca por medio). Hay que pasar por el láser para quitarse cualquier indicio que pueda mostrar que en el fondo tan sólo somos tristes animales con pelos y que simplemente el tiempo va dejando sus huellas.

Hoy he visto que uno de los regalitos de moda esta navidad puede ser precisamente regalar unas sesiones para quitarse los temidos vellos del cuerpo, o hacerse algún tratamiento de estética que nos quite unos cuantos de años, como si las huellas del tiempo sólo se reflejasen en las marcas de expresión de nuestra piel...

Reconozco que no dejo de sorprenderme día tras día de las posibilidades que ofrece el mercado para convertir a la masa en simples consumidores cuya única razón de ser sea precisamente gastar gastar y gastar, sin tener ni idea dónde narices nos dirigimos.